Una noche caminaba con una amigo por las calles de un pueblo
lejano, en un paraje del norte del Perú, conversábamos de una historia que
habíamos escuchado, sobre un cerro encantado, el cerro del placer le llamaba,
donde se decía habían bellas mujeres y mucho oro, y todo hombre que se atrevía
a llegar al casi la cima del cerro, y entrar en la caverna que existía antes de
la cima, nunca más regresaba vivo, dice la gente que era seducidos por estas
hermosas mujeres, hasta el punto de llevarte a la excitación y hacerte caer en sus lechos de amor, saciando
su sed sexual y quitando la esencia de la vida, coleccionando en la entrada de
la cueva los cráneos de todos aquellos que fueron seducidos y arrebatados de su
vida en un momento de pasión y lujuria, todo eso contaba la gente y que solo
uno había logrado escapar con riquezas, pero que todos los años las hijas del
diablo, así las llamaban, le arrebataban el primogénito de cada descendiente
directo de aquel que logro sobrevivir.
Contándonos todo esto con Kike, se nos ocurrió la magnífica idea de
realizar un reportaje sobre la historia del cerro y luego venderla a un canal
de televisión, de esa manera conseguir dinero para poder realizar más
documentales sobre historias que cuenta la gente.
Decidimos buscar a los descendientes del único sobreviviente
de aquella increíble historia, recorrimos aquel pueblo por más de dos horas,
dos días, dos meses y nadie nos daba razón de los descendientes de aquel
personaje, así que, guiados por la lógica, decidimos indagar con las familias más
poderosas económicamente del pueblo, una de ellas debía ser los descendientes, así
que sumándole la pista que teníamos, que el primer hijo de cada descendiente
directo debía morir, es decir era arrebatado por las hijas del diablo,
decidimos buscar las muertes más raras de niños recién nacidos y vincularlos
con las familias poderosas del pueblo. No pensábamos que encontraríamos algo,
mejor dicho alguien, buscamos por horas en la hemeroteca del pueblo, periódicos
con una antigüedad de 50 años, y por unas horas habíamos perdido las esperanzas,
hasta que Kike salto de su asiento, me miro y me dijo Eureka Andrés,
encontramos lo que buscábamos, mira, y me acerque a revisar que había, lo que
encontramos era algo sorpréndete, dos muertes de niños recién nacidos, muertes
inexplicables, sin sentido, que fueron atribuidas a raras enfermedades que venían
con los barcos extranjeros que atracaban en el puerto del pueblo, así pues
pudimos conseguir nombres, direcciones, y más datos sobre la historia, cosas
como que, la verdadera razón por la que sobrevivió el jefe de la familia Fernández
Guivovich, razón aludida a su esposa, Lisett Guivovich, quien lo acompaño en su
travesía hacia el cerro, decía en el periódico de la época, que ellos se
salvaron, por que las hijas del diablo no podían tolerar la presencia de una
mortal de sexo femenino, porque le temían, hasta ahí no lo sabíamos, no lo
decía, así que decidimos seguir investigando, y lo primero que se nos vino a la
mente buscar los descendientes de aquella familia.
Como la modernidad es
tan útil, nos fuimos a las paginas blancas de la guía telefónica, y
buscamos aquellos apellidos, el resultado no fue muy alentador yo encontré 39
personas con el apellido Fernández y Kike 68 con el apellido Guivovich, para
ser un pueblo chico, la familia se había reproducido demasiado, pero, como
ambos somos tercos, cada uno se encargo de un apellido, recorriendo puerta por
puerta de cada casa, preguntándoles a todos ellos si eran descendientes de Amado Fernández y Carla Guivovich, a mi no me fue tan bien de
los 39 solo 2 eran familiares, no muy directos pero que si sabían de la
historia relatada en el pueblo, converse con ambas familias y dentro de los
nuevos datos que encontré, me contaron, que uno de sus antepasados les habían
heredado un anillo de oro, una cadena de oro y una esclava de oro, que según
ellos, debían utilizar solo los segundos hijos de cada descendencia, que debían
pasar de padre a hijo, lo cual se mantuvo por años en las dos familias, pedí
que me mostraran esos objetos, y al verlos note que los tres tenían un símbolo
muy peculiar, era una V y otra V pero invertida^, en ambas familias tanto el
anillo, la cadena y la pulsera tenían este símbolo, también me comentaron que
extrañamente siempre habían perdido el primer hijo en la familia, los médicos
aludían las muertes a enfermedades misteriosas, síntomas que no eran de una
sola enfermedad, y simplemente no podían salvarles la vida, datos curiosos, que
coincidían en las dos familia, quien sabe, tal vez era cierto o quizá mera
coincidencia, después de varias horas de conversación en cada familia, me fui
al bar del pueblo, ahí me encontré con Kike, bebimos un par de cervezas,
intercambiamos historias que nos habían contado los supuestos descendientes, el
encontró también dos familias que decían ser descendientes directos, lo que más
me sorprendió, es que me conto que también tenían los tres objetos de las otras
dos familias que yo conocí y visite, estos contaban con el mismo símbolo, pero
lo que me llamo la atención, fue lo que me conto Kike, y es que le dijeron que
cada año en luna llena, los anillos no podían ser usados por nadie, porque se
calentaban de manera inexplicable, sin un motivo o razón justificable, y esto
le había pasado a las dos familias que el visito.
Después de recabar estos datos, decidimos planear una
incursión hacia dicho cerro, nosotros, escépticos de todo lo relatado, no sabíamos
si todo aquello era cierto, o solo un cuento típico de cada ciudad, así pues,
nos fuimos a recoger nuestros equipos, nos sentamos con nuestras mochilas en la
plaza principal de aquel pueblo, esperando la movilidad que habíamos
contratado, la cual no llegaba y ya estaba demorando, cuando de pronto se
acerco una hermosa jovencita, de figura delgada, aproximadamente 1.69 cm de
estatura, ojos caramelo rasgados, pelo negro azabache, casi como la noche más
oscura, nos miró y nos dijo si nosotros éramos los que iríamos al cerro, ambos,
perplejos por tan hermosa mujer, le dijimos que si, efectivamente, nosotros
iríamos al cerro, que estábamos realizando un reportaje y queríamos conocer si
era cierto lo del encantamiento que todos contaban, ella nos miró, y esbozó una
sonrisa, y con esa voz dulce nos dijo que estábamos perdiendo el tiempo, que
nadie nos llevaría hacia allá, pero que si queríamos ella podía llevarnos, con
la condición de que la dejáramos participar en la excursión, nos miramos con Kike,
de manera que solo dos hombres pueden ponerse de acuerdo con una mirada ante
una propuesta tan irresistible, y le dijimos que sí, que no había problema. A
las cuatro de la tarde aproximadamente partimos en la camioneta Ford v8 del año
76, que increíblemente estaba bien conservada y aun podía atravesar terrales y
piedras, así y todo casi como a las 6 de la tarde llegamos a las faldas del
cerro, ahí decidimos acampar, estacionamos la camioneta y armamos las carpas.
Ya estaba casi todo listo para descansar mas o menos un par de horas hasta las 10 de
la noche que habíamos quedado en comenzar la caminata hacia el cerro, mi amigo Kike
decidió echarse una siesta, y aproveché para conversar y conocer un poco más a Carla,
le pregunte a que se dedicaba, bueno me dedico a transmitir un programa por la
radio local, es sobre situaciones paranormales, espíritus, y todo eso, se
transmite todas las noches a las 12, cuando todos creen que comienzan las
penurias de los muertos y sus espíritus, interesante le dije, ahora entiendo por
qué estás aquí, quieres indagar mas
sobre esta historia tan antigua, para poder transmitirla por la radio,
en realidad no, mi querido amigo, quiero buscar una verdad que el pueblo entero
tiene miedo indagar, yo si quiero saberlo, quiero ver con mis propios ojos
aquello que es un mito o tal vez una verdad
¿ y si te pasa algo en el intento? Le pregunte, me miro y despacio muy
despacio se acercó hacia mí, su ojos estaban cerca a los míos, nos mirábamos
fijamente, su nariz tocaba la mía y su respiración se entrecruzaba con la mía,
ni que decir de nuestros labios, estaban tan cerca, dios, no lo podía creer,
quería versarla, de pronto sentí una energía que entraba por mis ojos, en un
destello, mis ojos se cerraron, y cuando los abrí ella estaba ya más lejos, me
miraba y me pregunto, que has sentido, solo le respondí, es la experiencia más
inexplicable que he tenido, se rio, pensé que me besarías me dijo, esbocé una
sonrisa y me acerque a ella con una frazada, cúbrete, el frio es penetrante,
alistare todo para partir ya casi es hora.
Ya los tres despiertos, listos y dispuestos para partir,
tomamos nuestras mochilas, y comenzó la caminata cuesta arriba, pasaban las
horas y el camino se hacía eterno, cada vez veíamos más lejos el campamento y más
lejos la cima, miramos nuestros relojes y ninguno funciono, salvo el de Carla,
en ese momento no me fije ni pregunte por que, solo nos dijo son las 12, a lo
que respondí, hora de tu programa, si, me dijo, y continuamos por 3 horas más.
Ya cansados de estar cuesta arriba y no poder llegar, sumándole el frio y el cansancio,
decidimos detenernos por una hora, haciendo fuego y calculando lo que no
faltaba, es así que nos quedamos dormidos, y promediando las 5 de la mañana, Kike
se despierta y nos avisa a todos que ya había amanecido, que nos habíamos
quedado dormidos, miramos el amanecer, y nos dimos cuenta que habíamos perdido
mucho tiempo, pero retomamos el camino, horas y horas de caminata , hasta que
llegamos a una cueva, creíamos que era la cueva que buscábamos, pero no fue así,
al entrar y caminar un poco, vimos un manantial de agua que formaba un pozo de
regular tamaño y profundidad, nos acercamos, metimos las manos y el agua estaba
tibia, no fría ni caliente, sino, tibia, en ese momento no nos sorprendió, pero
Kike, decidió darse un baño, entrando a la poza sin mayor prenda que lo
cubriera, así nos unimos tanto Carla como yo, jugamos, reímos, nos sentimos
como niños, no había maldad, no nos veíamos con ojos de adultos, sino más bien
de niños, después de un par de horas de juego, risa y chapoteos, salimos, nos
cambiamos y seguimos nuestro camino. Casi como a las 7 de la noche llegamos a
otra cueva, en esa cueva había un árbol dentro, no estaba marchito, aun florecía, extraño porque
no había luz solar, no había agua, y de él pendían unas manzanas rojas, 3 para
ser exacto, nos miramos y dijimos, bueno son tres manzanas, somos tres nosotros
y no creo que nos haga daño, así que las tomamos y las comimos, cada uno de
nosotros sentando en la rama de donde habíamos cogido la manzana, ahí nos
quedamos por unos minutos callados, como dubitativos, mirándonos, por mi mente
no paso ni un solo pensamiento, todo estaba en blanco, pero algo me impulso a
bajar, luego bajo Carla y después Kike, sin mediar palabras continuamos nuestro
camino.
Los tres estábamos habidos de curiosidad, subíamos y subíamos
rumbo al cerro, a la cima para ser más exactos, en mi mente comenzó a dibujarse
la escultural figura de Carla, aquella figura que había visto en el pozo, veía su
rostro, su sonrisa, sus senos, su cintura y todo lo demás que la conformaba, tenía
una sensación extraña dentro de mí, cuando de pronto, ella volteo, me miro y me
dijo, ¿te sucede algo?, te noto extraño,
Kike se detuvo y me pregunto lo mismo, solo atine a decirles que no me pasaba
nada, algo avergonzado por los pensamientos que pasaban por mi mente, cuando de
pronto llegamos a la cima, era algo plana, amplia y corría un viento muy
extraño, caminamos por aquella cima, buscando lo que tanto habíamos ido a encontrar,
y hallamos una entrada que daba al interior del cerro, esta entrada era en
forma de espiral como dentro de un cráter, descendimos juntos, para mayor precaución
decidimos amarrarnos los tres a una solo soga, esto a fin de no perdernos,
caminamos y caminamos cuesta abajo, hacia el interior del cerro, cuando de
pronto encontramos una cueva, no nos habíamos percatado de la hora, pero dentro
ya oscurecía y decidimos prender las linternas y las cámaras para filmar, Kike
nos dijo que nos separamos para poder realizar una mejor búsqueda y calcular
unos 30 minutos para poder encontrarnos en la entrada de la cueva, a lo que
Carla replico y nos dijo, no iré sola, yo voy con Andrés, Kike, tu sigue solo, después
nos encontramos los tres, así sucedió, caminamos dentro de la cueva los dos
solos, mientras Kike ingresaba por otra entrada, en ese transcurrir,
encontramos un esqueleto humano, Carla se asustó y me abrazo, me dijo que tenía
miedo, que ya no quería continuar, no te preocupes, no nos pasara nada,
tranquila, sigamos adelante, no tengo
idea de cuánto tiempo transcurrió, pero nos habíamos cansado y solo habíamos
encontrado aquel esqueleto, nos detuvimos a descansar y planear el regreso,
como mi reloj no funcionaba, le pregunte a ella si su reloj funcionaba, me dijo
si, son las 7 de la noche, no lo pude creer, habían transcurrido muchas horas y
no nos habíamos dado cuenta, decidimos regresar a la entrada de la cueva, pero,
ese camino se hizo eterno, no podíamos hallar la entrada, cansado decidimos
detenernos para descansar, hicimos una fogata, ella se acercó y me pregunto si
la podría abrazar, tengo frio, abrázame, claro, acércate, y los dos sentados y
abrazados, yo detrás de ella, conversábamos de muchas cosas, cuando de pronto se
volteó y me miro, nos besamos intensamente, caricias y besos intensos nos
invadieron, mi cuerpo lo sentía demasiado caliente, mis hormonas alborotadas,
hasta que ambos quedamos sin ropa, hicimos el amor de la manera más
intensa, apasionada, me sentía en la
gloria, no sé cuántas veces lo hicimos, pero al final, nos quedamos dormidos.
Unos pocos rayos del sol ingresaban a la cueva, desperté
desnudos, a mi lado Carla también estaba desnuda, la desperté y le dije que era
mejor regresar, nos vestimos, y comenzamos a buscar la entrada de la cueva, la
cual no estaba muy lejos, buscamos a Kike y no lo encontrábamos, caminamos
hacia otra cueva a buscarlo, pero Carla estaba aún cansada, me dijo que me esperaría
en la entrada, que yo busque a Kike, y eso fue lo que hice, camine y camine
hasta que lo encontré, él estaba al pie de una fogata ya extinta, desnudo y
dormitado, lo desperté, me miro y me dijo, no me creerás lo que ha sucedido, sé
que a ti te gustaba Carla, pero perdóname hermano, no pudimos resistirnos, lo
mire extrañado, le pregunte de que me hablaba, y me conto lo mismo que me había
sucedido a mí, él también había hecho el amor con Carla, pero, ¿Cómo era eso
posible?, Carla no podía dividirse en dos, no pudo estar con él y conmigo a la
vez, ¿o tal vez si?, lo mire y le conté lo que me había pasado, él no me creyó
y me pregunto dónde estaba ella, le dije que la había dejado en la entrada de
las cuevas, que estaba esperándonos, él se vistió, y salimos presurosos, llenos
de dudas e incertidumbres camino a la entrada de la cueva, allí estaba ella,
sentada, esperándonos, el primero en hablar fue Kike, le pregunto porque lo había
dejado solo, si se acordaba todo lo que había sucedido, ella lo miro y sonrió,
de que estas hablando Kike, yo pase la noche con Andrés, tú fuiste quien se perdió,
no puede ser replico, pero si los dos pasamos la noche juntos, hicimos el amor,
lamento decepcionarte Kike, le dijo ella, pero con quien hice el amor fue con Andrés,
no contigo, él nos miró, y siguió caminando molesto y dubitativo, así por más de
una hora caminamos internándonos a otra cueva, en ella había un cofre de metal
antiguo, a su lado varios restos óseos de seres humanos, nos asustamos los
tres, pero producto del impase sucedido antes, no dijimos nada, Carla me miro y
me abrazo, tengo miedo Andrés, mejor regresemos, ¡No!, exclamó Kike, no
regresaremos, si tu deseas márchate, tranquilo Kike, no seas agresivo le respondí,
mejor veamos que hay dentro del cofre, Carla detenme los equipos y filma,
nosotros veremos que hay dentro, Kike y
yo nos acercamos abrimos el cofre, de pronto Kike exclamo ¡Mira, es ese símbolo
de nuevo!, mire y si, era el símbolo V en la parte interna superior del cofre,
creo que a ambos nos recorrió ese escalofrío tenebroso, ese miedo que solo se
puede sentir cuando uno presiente que algo malo sucederá. Dentro del cofre habían
objetos antiguos de oro puro, vasijas, vasos, llaves, relojes, cadenas, tres
anillos y muchas monedas de oro acuñadas con el mismo símbolo V pero al revés, vaciamos
todo al suelo, y encontramos un papiro antiguo, en el habían palabras escritas
en latín: “legato invenit thesaurum invenerunt qui perpetuam animae separatae
per gloriam et miseriam cutem habere thesaurum.” (.), no sabíamos que quería decir,
ni Kike ni yo hablamos latín, cogimos el papiro para llevarlo con lo demás que habíamos
encontrado, dejando el cofre en el lugar. Cuando ya salíamos Carla decide
volver a entrar, quisimos detenerla, pero ella como de un salto llego al cofre,
y nos llamó, vengan, miren, nos acercamos y en la parte interna del cofre, había
otra inscripción en latín “Cuti estis me animum”, no sé muy bien el latín, pero
creo que ahí dice “tú eres la piel, yo soy tu alma”, o algo parecido nos dijo
Carla, espera, ¿entiendes el latín?, le pregunte, no muy bien, pero si se algo,
pues mira, le dijo Kike, mostrándole el papiro, lo leyó y dijo, creo que quiere
decir “Aquel que encuentre este tesoro encontrara también un legado eterno de
gloria y desdicha, la piel y el alma se separan al ser poseedor de este tesoro”,
los tres nos miramos y el miedo invadió nuestro cuerpo, ¿Qué hacemos?, les
pregunte, la verdad que esto no me gusta, y de pronto se encendió una luz, era
una mujer con una antorcha, era muy parecida a Carla, se acercó a Kike y le
dijo, tu vienes conmigo, no puedes escapar de tu destino, Kike corrió hacia la
entrada de esa cueva, Carla y yo nos quedamos petrificados, salimos corriendo detrás
de él, a medida que corríamos, varias luces se encendía a nuestro lado, lo
curioso fue que llegamos los tres a una pared de rocas, no había salida,
volteamos a mirar y habían muchas mujeres con antorchas en mano, todas ellas se
parecían a Carla, murmuraban palabras que no entendíamos, “anima et corpus” repetían,
que dicen, le pregunte a Carla, me parece que dicen alma y cuerpo, tengo miedo, no quiero morir, nadie morirá hoy
le dije, Kike en tanto, estaba pasmado, una de esas mujeres estaba sin ropa, y
le repetía, “no puedes escapar, anima et corpus, no puedes escapar, anima et
corpus”, mientras todo eso sucedía, la cámara de Carla seguía grabando todo, no
sabíamos que hacer, hasta que Carla, se acercó a ellas y les dijo que se fueran
que nos dejaran en paz, mientras ella se acercaba, las mujeres retrocedían y repetían
,“ anima et corpus”, Carla logro tocar a una de ellas, y al momento de hacerlo,
desapareció, recordé entonces los relatos y le dije, tócalas a todas, ellas no
pueden resistir a las mujeres, comenzó a tocar a todas e iban desapareciendo,
cuando solo faltaba una, está la toco a ella, y Carla cayó al suelo, mientras desaparecía
la mujer con el fuego en la mano, Kike y yo corrimos a socorrer a Carla, la
levantamos y entre los dos la ayudamos a salir, caminos y encontramos una
salida, aquella pared de piedra había desaparecido, llegamos al lugar donde habíamos
dejado las cosas, Carla ya se sentía mejor, le preguntamos si estaba bien, nos
dijo que si, nos repusimos los tres y decidimos volver, en el trayecto de
regreso, mientras bajamos el cerro, no descansamos, llegamos a la camioneta y
volvimos al pueblo.
Anonadados por lo sucedido, quisimos ver si estaba grabado
todo lo que había en el video, fuimos a la radio de Carla, pusimos el video, y salió
casi todo, lo único que no se pudo ver, es la imagen de las mujeres, solo se podía
divisar el fuego de las antorchas como suspendidas en el aire, y una imagen
borrosa que tocaba a Carla, haciéndola caer al suelo, lo más curioso, fue, que
se había grabado la noche de pasión que tuvimos Carla y yo, quedando perplejo
Kike, dándose cuenta, que él había hecho el amor, con una de las mujeres que se
nos habían presentado, decidimos no contar nada de lo acontecido, Kike tomo su
rumbo, yo decidí quedarme con Carla, entablamos una relación, y una noche,
mientras nos bañábamos juntos, note en su espalda, que tenía impregnado el símbolo
V al revés, le pregunte como si lo tenía, me dijo que no sabía, me percate que
era como una quemadura, llegamos a la conclusión que aquella mujer, cuando la
toco, le dejo ese símbolo, pero no nos explicábamos porque, salimos de la
ducha, y en la cama de nuestro cuarto, ella me enseño algo que me dejo atónito,
era un anillo, el mismo que habíamos visto en aquella cueva y con el mismo símbolo
que ella tenía en su espalda, no lo podía creer, le dije que teníamos que tirar
eso, pensé que sería una maldición, pero ella me dijo, que mejor lo dejemos guardado,
así lo hicimos, lo enterramos en el patio de nuestra casa, en un cofre pequeño,
a miles de metros bajo tierra.
Pasaron los años, hasta que un día recibí una llamada, era
la hermana de Kike, pera contarme que él había fallecido, que me avisaba para
que viaje a su funeral, converse con Carla, pero ella no podía viajar mucho,
estaba embarazada de nuestro primer hijo, pero aun así decidimos viajar, estuvimos
en el funeral y nos quedamos dos meses más en la ciudad donde Kike había nacido
y había muerto, esto por precaución a su estado de embarazo. Llego el día
esperado, ella estaba a punto de dar a luz, yo alistaba todo para regresar a
casa después de que diera a luz, nuestro primer hijo fue un varón, le pusimos
por nombre Daniel, la felicidad embargaba tanto a Carla como a mí, ya después de
unos días de reposo, decidimos regresar al puerto donde habíamos decidido
establecernos, pasamos dos meses hermosos viendo crecer a nuestro primogénito, todo
era alegría, ella y yo vivíamos un idilio de amor, era la mujer que tanto soñé,
me dio lo que más quería, mi primer hijo. Daniel tenía dos meses y medio,
cuando lo invadió una enfermedad extraña, varios médicos intentaron salvarlo,
pero nada se pudo hacer, el falleció, ambos quedamos destrozados, no entendía
nada de lo que había sucedido, le echaba la culpa al viaje a ese cerro, al
anillo que Carla trajo consigo, la ira me invadía, no sabía qué hacer, mientras
ella estaba desmoralizada, lloraba y lloraba, no paraba de llorar, así pasaron
varios meses, ambos destrozados por lo acontecido, hasta que un día, decidimos
conversar para poder retomar nuestras
vidas, le dije que lo mejor que podíamos hacer era regresar ese anillo a su
lugar de origen, a todo esto, unos días antes de nuestra conversación, Diana,
la hermana de Kike, nos había enviado una encomienda conteniendo una carta de
Kike para mí, dos anillos y una moneda, lo cual no me hizo mucha gracia, en la
carta decía Kike, que veía llegar su muerte, las mujeres que vio, lo perseguían
todos los días, hasta que ellas lograron llevárselo, y que por favor regresáramos
esos objetos a su lugar de origen, fue una de las razones, por las cuales, le pedí
a Carla, devolver todo lo que habíamos cogido de aquel lugar, que esas cosas
estaban malditas, ella me miro, y me dijo, no son las cosas mi amor, tengo que
confesarte algo, que por temor nunca te dije, mi apellido es Fernández, mis
antepasados, son aquellos que ustedes tanto buscaron, pero me lo cambie a
Robles, porque todas las familias descendientes eran marginadas, tan solo por
llevar ese apellido, y si tanto quise ir al cerro, era para saber si era verdad
lo que se comentaba de mi familia, ahora lo sé, es verdad, lo siento mi
amor, yo solo pude abrazarla y besarla,
le prometí que nada de lo que pasara en adelante, cambiaría mi amor por ella, y
que juntos venceríamos cualquier obstáculo o maldición.
Han pasado muchos años, tenemos 3 hijos más, una de ellas
mujer, y somos felices, aquella maldición nunca más nos tocó, pero, si puedo
decir, que económicamente nos fue muy
bien, tenemos mucho dinero, pero aun llevamos dentro el recuerdo de nuestro
hijo fallecido, jamás volvimos a aquel cerro, y los objetos los tenemos todos
en el mismo cofre donde se enterró el primer anillo.
