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miércoles, 19 de diciembre de 2012

EL CERRO ENCANTADO.


Una noche caminaba con una amigo por las calles de un pueblo lejano, en un paraje del norte del Perú, conversábamos de una historia que habíamos escuchado, sobre un cerro encantado, el cerro del placer le llamaba, donde se decía habían bellas mujeres y mucho oro, y todo hombre que se atrevía a llegar al casi la cima del cerro, y entrar en la caverna que existía antes de la cima, nunca más regresaba vivo, dice la gente que era seducidos por estas hermosas mujeres, hasta el punto de llevarte a la excitación  y hacerte caer en sus lechos de amor, saciando su sed sexual y quitando la esencia de la vida, coleccionando en la entrada de la cueva los cráneos de todos aquellos que fueron seducidos y arrebatados de su vida en un momento de pasión y lujuria, todo eso contaba la gente y que solo uno había logrado escapar con riquezas, pero que todos los años las hijas del diablo, así las llamaban, le arrebataban el primogénito de cada descendiente directo de aquel que logro sobrevivir.  Contándonos todo esto con Kike, se nos ocurrió la magnífica idea de realizar un reportaje sobre la historia del cerro y luego venderla a un canal de televisión, de esa manera conseguir dinero para poder realizar más documentales sobre historias que cuenta la gente.

Decidimos buscar a los descendientes del único sobreviviente de aquella increíble historia, recorrimos aquel pueblo por más de dos horas, dos días, dos meses y nadie nos daba razón de los descendientes de aquel personaje, así que, guiados por la lógica, decidimos indagar con las familias más poderosas económicamente del pueblo, una de ellas debía ser los descendientes, así que sumándole la pista que teníamos, que el primer hijo de cada descendiente directo debía morir, es decir era arrebatado por las hijas del diablo, decidimos buscar las muertes más raras de niños recién nacidos y vincularlos con las familias poderosas del pueblo. No pensábamos que encontraríamos algo, mejor dicho alguien, buscamos por horas en la hemeroteca del pueblo, periódicos con una antigüedad de 50 años, y por unas horas habíamos perdido las esperanzas, hasta que Kike salto de su asiento, me miro y me dijo Eureka Andrés, encontramos lo que buscábamos, mira, y me acerque a revisar que había, lo que encontramos era algo sorpréndete, dos muertes de niños recién nacidos, muertes inexplicables, sin sentido, que fueron atribuidas a raras enfermedades que venían con los barcos extranjeros que atracaban en el puerto del pueblo, así pues pudimos conseguir nombres, direcciones, y más datos sobre la historia, cosas como que, la verdadera razón por la que sobrevivió el jefe de la familia Fernández Guivovich, razón aludida a su esposa, Lisett Guivovich, quien lo acompaño en su travesía hacia el cerro, decía en el periódico de la época, que ellos se salvaron, por que las hijas del diablo no podían tolerar la presencia de una mortal de sexo femenino, porque le temían, hasta ahí no lo sabíamos, no lo decía, así que decidimos seguir investigando, y lo primero que se nos vino a la mente buscar los descendientes de aquella familia.

Como la modernidad es  tan útil, nos fuimos a las paginas blancas de la guía telefónica, y buscamos aquellos apellidos, el resultado no fue muy alentador yo encontré 39 personas con el apellido Fernández y Kike 68 con el apellido Guivovich, para ser un pueblo chico, la familia se había reproducido demasiado, pero, como ambos somos tercos, cada uno se encargo de un apellido, recorriendo puerta por puerta de cada casa, preguntándoles a todos ellos si eran descendientes de  Amado Fernández  y Carla Guivovich, a mi no me fue tan bien de los 39 solo 2 eran familiares, no muy directos pero que si sabían de la historia relatada en el pueblo, converse con ambas familias y dentro de los nuevos datos que encontré, me contaron, que uno de sus antepasados les habían heredado un anillo de oro, una cadena de oro y una esclava de oro, que según ellos, debían utilizar solo los segundos hijos de cada descendencia, que debían pasar de padre a hijo, lo cual se mantuvo por años en las dos familias, pedí que me mostraran esos objetos, y al verlos note que los tres tenían un símbolo muy peculiar, era una V y otra V pero invertida^, en ambas familias tanto el anillo, la cadena y la pulsera tenían este símbolo, también me comentaron que extrañamente siempre habían perdido el primer hijo en la familia, los médicos aludían las muertes a enfermedades misteriosas, síntomas que no eran de una sola enfermedad, y simplemente no podían salvarles la vida, datos curiosos, que coincidían en las dos familia, quien sabe, tal vez era cierto o quizá mera coincidencia, después de varias horas de conversación en cada familia, me fui al bar del pueblo, ahí me encontré con Kike, bebimos un par de cervezas, intercambiamos historias que nos habían contado los supuestos descendientes, el encontró también dos familias que decían ser descendientes directos, lo que más me sorprendió, es que me conto que también tenían los tres objetos de las otras dos familias que yo conocí y visite, estos contaban con el mismo símbolo, pero lo que me llamo la atención, fue lo que me conto Kike, y es que le dijeron que cada año en luna llena, los anillos no podían ser usados por nadie, porque se calentaban de manera inexplicable, sin un motivo o razón justificable, y esto le había pasado a las dos familias que el visito.

Después de recabar estos datos, decidimos planear una incursión hacia dicho cerro, nosotros, escépticos de todo lo relatado, no sabíamos si todo aquello era cierto, o solo un cuento típico de cada ciudad, así pues, nos fuimos a recoger nuestros equipos, nos sentamos con nuestras mochilas en la plaza principal de aquel pueblo, esperando la movilidad que habíamos contratado, la cual no llegaba y ya estaba demorando, cuando de pronto se acerco una hermosa jovencita, de figura delgada, aproximadamente 1.69 cm de estatura, ojos caramelo rasgados, pelo negro azabache, casi como la noche más oscura, nos miró y nos dijo si nosotros éramos los que iríamos al cerro, ambos, perplejos por tan hermosa mujer, le dijimos que si, efectivamente, nosotros iríamos al cerro, que estábamos realizando un reportaje y queríamos conocer si era cierto lo del encantamiento que todos contaban, ella nos miró, y esbozó una sonrisa, y con esa voz dulce nos dijo que estábamos perdiendo el tiempo, que nadie nos llevaría hacia allá, pero que si queríamos ella podía llevarnos, con la condición de que la dejáramos participar en la excursión, nos miramos con Kike, de manera que solo dos hombres pueden ponerse de acuerdo con una mirada ante una propuesta tan irresistible, y le dijimos que sí, que no había problema. A las cuatro de la tarde aproximadamente partimos en la camioneta Ford v8 del año 76, que increíblemente estaba bien conservada y aun podía atravesar terrales y piedras, así y todo casi como a las 6 de la tarde llegamos a las faldas del cerro, ahí decidimos acampar, estacionamos la camioneta y armamos las carpas.

Ya estaba casi todo listo para descansar  mas o menos un par de horas hasta las 10 de la noche que habíamos quedado en comenzar la caminata hacia el cerro, mi amigo Kike decidió echarse una siesta, y aproveché para conversar y conocer un poco más a Carla, le pregunte a que se dedicaba, bueno me dedico a transmitir un programa por la radio local, es sobre situaciones paranormales, espíritus, y todo eso, se transmite todas las noches a las 12, cuando todos creen que comienzan las penurias de los muertos y sus espíritus, interesante le dije, ahora entiendo por qué estás aquí, quieres indagar mas  sobre esta historia tan antigua, para poder transmitirla por la radio, en realidad no, mi querido amigo, quiero buscar una verdad que el pueblo entero tiene miedo indagar, yo si quiero saberlo, quiero ver con mis propios ojos aquello que es un mito o tal vez una verdad    ¿ y si te pasa algo en el intento? Le pregunte, me miro y despacio muy despacio se acercó hacia mí, su ojos estaban cerca a los míos, nos mirábamos fijamente, su nariz tocaba la mía y su respiración se entrecruzaba con la mía, ni que decir de nuestros labios, estaban tan cerca, dios, no lo podía creer, quería versarla, de pronto sentí una energía que entraba por mis ojos, en un destello, mis ojos se cerraron, y cuando los abrí ella estaba ya más lejos, me miraba y me pregunto, que has sentido, solo le respondí, es la experiencia más inexplicable que he tenido, se rio, pensé que me besarías me dijo, esbocé una sonrisa y me acerque a ella con una frazada, cúbrete, el frio es penetrante, alistare todo para partir ya casi es hora.

Ya los tres despiertos, listos y dispuestos para partir, tomamos nuestras mochilas, y comenzó la caminata cuesta arriba, pasaban las horas y el camino se hacía eterno, cada vez veíamos más lejos el campamento y más lejos la cima, miramos nuestros relojes y ninguno funciono, salvo el de Carla, en ese momento no me fije ni pregunte por que, solo nos dijo son las 12, a lo que respondí, hora de tu programa, si, me dijo, y continuamos por 3 horas más. Ya cansados de estar cuesta arriba y no poder llegar, sumándole el frio y el cansancio, decidimos detenernos por una hora, haciendo fuego y calculando lo que no faltaba, es así que nos quedamos dormidos, y promediando las 5 de la mañana, Kike se despierta y nos avisa a todos que ya había amanecido, que nos habíamos quedado dormidos, miramos el amanecer, y nos dimos cuenta que habíamos perdido mucho tiempo, pero retomamos el camino, horas y horas de caminata , hasta que llegamos a una cueva, creíamos que era la cueva que buscábamos, pero no fue así, al entrar y caminar un poco, vimos un manantial de agua que formaba un pozo de regular tamaño y profundidad, nos acercamos, metimos las manos y el agua estaba tibia, no fría ni caliente, sino, tibia, en ese momento no nos sorprendió, pero Kike, decidió darse un baño, entrando a la poza sin mayor prenda que lo cubriera, así nos unimos tanto Carla como yo, jugamos, reímos, nos sentimos como niños, no había maldad, no nos veíamos con ojos de adultos, sino más bien de niños, después de un par de horas de juego, risa y chapoteos, salimos, nos cambiamos y seguimos nuestro camino. Casi como a las 7 de la noche llegamos a otra cueva, en esa cueva había un árbol dentro,  no estaba marchito, aun florecía, extraño porque no había luz solar, no había agua, y de él pendían unas manzanas rojas, 3 para ser exacto, nos miramos y dijimos, bueno son tres manzanas, somos tres nosotros y no creo que nos haga daño, así que las tomamos y las comimos, cada uno de nosotros sentando en la rama de donde habíamos cogido la manzana, ahí nos quedamos por unos minutos callados, como dubitativos, mirándonos, por mi mente no paso ni un solo pensamiento, todo estaba en blanco, pero algo me impulso a bajar, luego bajo Carla y después Kike, sin mediar palabras continuamos nuestro camino.

Los tres estábamos habidos de curiosidad, subíamos y subíamos rumbo al cerro, a la cima para ser más exactos, en mi mente comenzó a dibujarse la escultural figura de Carla, aquella figura que había visto en el pozo, veía su rostro, su sonrisa, sus senos, su cintura y todo lo demás que la conformaba, tenía una sensación extraña dentro de mí, cuando de pronto, ella volteo, me miro y me dijo, ¿te sucede algo?,  te noto extraño, Kike se detuvo y me pregunto lo mismo, solo atine a decirles que no me pasaba nada, algo avergonzado por los pensamientos que pasaban por mi mente, cuando de pronto llegamos a la cima, era algo plana, amplia y corría un viento muy extraño, caminamos por aquella cima, buscando lo que tanto habíamos ido a encontrar, y hallamos una entrada que daba al interior del cerro, esta entrada era en forma de espiral como dentro de un cráter, descendimos juntos, para mayor precaución decidimos amarrarnos los tres a una solo soga, esto a fin de no perdernos, caminamos y caminamos cuesta abajo, hacia el interior del cerro, cuando de pronto encontramos una cueva, no nos habíamos percatado de la hora, pero dentro ya oscurecía y decidimos prender las linternas y las cámaras para filmar, Kike nos dijo que nos separamos para poder realizar una mejor búsqueda y calcular unos 30 minutos para poder encontrarnos en la entrada de la cueva, a lo que Carla replico y nos dijo, no iré sola, yo voy con Andrés, Kike, tu sigue solo, después nos encontramos los tres, así sucedió, caminamos dentro de la cueva los dos solos, mientras Kike ingresaba por otra entrada, en ese transcurrir, encontramos un esqueleto humano, Carla se asustó y me abrazo, me dijo que tenía miedo, que ya no quería continuar, no te preocupes, no nos pasara nada, tranquila, sigamos adelante, no tengo  idea de cuánto tiempo transcurrió, pero nos habíamos cansado y solo habíamos encontrado aquel esqueleto, nos detuvimos a descansar y planear el regreso, como mi reloj no funcionaba, le pregunte a ella si su reloj funcionaba, me dijo si, son las 7 de la noche, no lo pude creer, habían transcurrido muchas horas y no nos habíamos dado cuenta, decidimos regresar a la entrada de la cueva, pero, ese camino se hizo eterno, no podíamos hallar la entrada, cansado decidimos detenernos para descansar, hicimos una fogata, ella se acercó y me pregunto si la podría abrazar, tengo frio, abrázame, claro, acércate, y los dos sentados y abrazados, yo detrás de ella, conversábamos de muchas cosas, cuando de pronto se volteó y me miro, nos besamos intensamente, caricias y besos intensos nos invadieron, mi cuerpo lo sentía demasiado caliente, mis hormonas alborotadas, hasta que ambos quedamos sin ropa, hicimos el amor de la manera más intensa,  apasionada, me sentía en la gloria, no sé cuántas veces lo hicimos, pero al final, nos quedamos dormidos.

Unos pocos rayos del sol ingresaban a la cueva, desperté desnudos, a mi lado Carla también estaba desnuda, la desperté y le dije que era mejor regresar, nos vestimos, y comenzamos a buscar la entrada de la cueva, la cual no estaba muy lejos, buscamos a Kike y no lo encontrábamos, caminamos hacia otra cueva a buscarlo, pero Carla estaba aún cansada, me dijo que me esperaría en la entrada, que yo busque a Kike, y eso fue lo que hice, camine y camine hasta que lo encontré, él estaba al pie de una fogata ya extinta, desnudo y dormitado, lo desperté, me miro y me dijo, no me creerás lo que ha sucedido, sé que a ti te gustaba Carla, pero perdóname hermano, no pudimos resistirnos, lo mire extrañado, le pregunte de que me hablaba, y me conto lo mismo que me había sucedido a mí, él también había hecho el amor con Carla, pero, ¿Cómo era eso posible?, Carla no podía dividirse en dos, no pudo estar con él y conmigo a la vez, ¿o tal vez si?, lo mire y le conté lo que me había pasado, él no me creyó y me pregunto dónde estaba ella, le dije que la había dejado en la entrada de las cuevas, que estaba esperándonos, él se vistió, y salimos presurosos, llenos de dudas e incertidumbres camino a la entrada de la cueva, allí estaba ella, sentada, esperándonos, el primero en hablar fue Kike, le pregunto porque lo había dejado solo, si se acordaba todo lo que había sucedido, ella lo miro y sonrió, de que estas hablando Kike, yo pase la noche con Andrés, tú fuiste quien se perdió, no puede ser replico, pero si los dos pasamos la noche juntos, hicimos el amor, lamento decepcionarte Kike, le dijo ella, pero con quien hice el amor fue con Andrés, no contigo, él nos miró, y siguió caminando molesto y dubitativo, así por más de una hora caminamos internándonos a otra cueva, en ella había un cofre de metal antiguo, a su lado varios restos óseos de seres humanos, nos asustamos los tres, pero producto del impase sucedido antes, no dijimos nada, Carla me miro y me abrazo, tengo miedo Andrés, mejor regresemos, ¡No!, exclamó Kike, no regresaremos, si tu deseas márchate, tranquilo Kike, no seas agresivo le respondí, mejor veamos que hay dentro del cofre, Carla detenme los equipos y filma, nosotros veremos que hay dentro,  Kike y yo nos acercamos abrimos el cofre, de pronto Kike exclamo ¡Mira, es ese símbolo de nuevo!, mire y si, era el símbolo V en la parte interna superior del cofre, creo que a ambos nos recorrió ese escalofrío tenebroso, ese miedo que solo se puede sentir cuando uno presiente que algo malo sucederá. Dentro del cofre habían objetos antiguos de oro puro, vasijas, vasos, llaves, relojes, cadenas, tres anillos y muchas monedas de oro acuñadas con el mismo símbolo V pero al revés, vaciamos todo al suelo, y encontramos un papiro antiguo, en el habían palabras escritas en latín: “legato invenit thesaurum invenerunt qui perpetuam animae separatae per gloriam et miseriam cutem habere thesaurum.” (.), no sabíamos que quería decir, ni Kike ni yo hablamos latín, cogimos el papiro para llevarlo con lo demás que habíamos encontrado, dejando el cofre en el lugar. Cuando ya salíamos Carla decide volver a entrar, quisimos detenerla, pero ella como de un salto llego al cofre, y nos llamó, vengan, miren, nos acercamos y en la parte interna del cofre, había otra inscripción en latín “Cuti estis me animum”, no sé muy bien el latín, pero creo que ahí dice “tú eres la piel, yo soy tu alma”, o algo parecido nos dijo Carla, espera, ¿entiendes el latín?, le pregunte, no muy bien, pero si se algo, pues mira, le dijo Kike, mostrándole el papiro, lo leyó y dijo, creo que quiere decir “Aquel que encuentre este tesoro encontrara también un legado eterno de gloria y desdicha, la piel y el alma se separan al ser poseedor de este tesoro”, los tres nos miramos y el miedo invadió nuestro cuerpo, ¿Qué hacemos?, les pregunte, la verdad que esto no me gusta, y de pronto se encendió una luz, era una mujer con una antorcha, era muy parecida a Carla, se acercó a Kike y le dijo, tu vienes conmigo, no puedes escapar de tu destino, Kike corrió hacia la entrada de esa cueva, Carla y yo nos quedamos petrificados, salimos corriendo detrás de él, a medida que corríamos, varias luces se encendía a nuestro lado, lo curioso fue que llegamos los tres a una pared de rocas, no había salida, volteamos a mirar y habían muchas mujeres con antorchas en mano, todas ellas se parecían a Carla, murmuraban palabras que no entendíamos, “anima et corpus” repetían, que dicen, le pregunte a Carla, me parece que dicen alma y cuerpo,  tengo miedo, no quiero morir, nadie morirá hoy le dije, Kike en tanto, estaba pasmado, una de esas mujeres estaba sin ropa, y le repetía, “no puedes escapar, anima et corpus, no puedes escapar, anima et corpus”, mientras todo eso sucedía, la cámara de Carla seguía grabando todo, no sabíamos que hacer, hasta que Carla, se acercó a ellas y les dijo que se fueran que nos dejaran en paz, mientras ella se acercaba, las mujeres retrocedían y repetían ,“ anima et corpus”, Carla logro tocar a una de ellas, y al momento de hacerlo, desapareció, recordé entonces los relatos y le dije, tócalas a todas, ellas no pueden resistir a las mujeres, comenzó a tocar a todas e iban desapareciendo, cuando solo faltaba una, está la toco a ella, y Carla cayó al suelo, mientras desaparecía la mujer con el fuego en la mano, Kike y yo corrimos a socorrer a Carla, la levantamos y entre los dos la ayudamos a salir, caminos y encontramos una salida, aquella pared de piedra había desaparecido, llegamos al lugar donde habíamos dejado las cosas, Carla ya se sentía mejor, le preguntamos si estaba bien, nos dijo que si, nos repusimos los tres y decidimos volver, en el trayecto de regreso, mientras bajamos el cerro, no descansamos, llegamos a la camioneta y volvimos al pueblo.

Anonadados por lo sucedido, quisimos ver si estaba grabado todo lo que había en el video, fuimos a la radio de Carla, pusimos el video, y salió casi todo, lo único que no se pudo ver, es la imagen de las mujeres, solo se podía divisar el fuego de las antorchas como suspendidas en el aire, y una imagen borrosa que tocaba a Carla, haciéndola caer al suelo, lo más curioso, fue, que se había grabado la noche de pasión que tuvimos Carla y yo, quedando perplejo Kike, dándose cuenta, que él había hecho el amor, con una de las mujeres que se nos habían presentado, decidimos no contar nada de lo acontecido, Kike tomo su rumbo, yo decidí quedarme con Carla, entablamos una relación, y una noche, mientras nos bañábamos juntos, note en su espalda, que tenía impregnado el símbolo V al revés, le pregunte como si lo tenía, me dijo que no sabía, me percate que era como una quemadura, llegamos a la conclusión que aquella mujer, cuando la toco, le dejo ese símbolo, pero no nos explicábamos porque, salimos de la ducha, y en la cama de nuestro cuarto, ella me enseño algo que me dejo atónito, era un anillo, el mismo que habíamos visto en aquella cueva y con el mismo símbolo que ella tenía en su espalda, no lo podía creer, le dije que teníamos que tirar eso, pensé que sería una maldición, pero ella me dijo, que mejor lo dejemos guardado, así lo hicimos, lo enterramos en el patio de nuestra casa, en un cofre pequeño, a miles de metros bajo tierra.

Pasaron los años, hasta que un día recibí una llamada, era la hermana de Kike, pera contarme que él había fallecido, que me avisaba para que viaje a su funeral, converse con Carla, pero ella no podía viajar mucho, estaba embarazada de nuestro primer hijo, pero aun así decidimos viajar, estuvimos en el funeral y nos quedamos dos meses más en la ciudad donde Kike había nacido y había muerto, esto por precaución a su estado de embarazo. Llego el día esperado, ella estaba a punto de dar a luz, yo alistaba todo para regresar a casa después de que diera a luz, nuestro primer hijo fue un varón, le pusimos por nombre Daniel, la felicidad embargaba tanto a Carla como a mí, ya después de unos días de reposo, decidimos regresar al puerto donde habíamos decidido establecernos, pasamos dos meses hermosos viendo crecer a nuestro primogénito, todo era alegría, ella y yo vivíamos un idilio de amor, era la mujer que tanto soñé, me dio lo que más quería, mi primer hijo. Daniel tenía dos meses y medio, cuando lo invadió una enfermedad extraña, varios médicos intentaron salvarlo, pero nada se pudo hacer, el falleció, ambos quedamos destrozados, no entendía nada de lo que había sucedido, le echaba la culpa al viaje a ese cerro, al anillo que Carla trajo consigo, la ira me invadía, no sabía qué hacer, mientras ella estaba desmoralizada, lloraba y lloraba, no paraba de llorar, así pasaron varios meses, ambos destrozados por lo acontecido, hasta que un día, decidimos conversar para poder  retomar nuestras vidas, le dije que lo mejor que podíamos hacer era regresar ese anillo a su lugar de origen, a todo esto, unos días antes de nuestra conversación, Diana, la hermana de Kike, nos había enviado una encomienda conteniendo una carta de Kike para mí, dos anillos y una moneda, lo cual no me hizo mucha gracia, en la carta decía Kike, que veía llegar su muerte, las mujeres que vio, lo perseguían todos los días, hasta que ellas lograron llevárselo, y que por favor regresáramos esos objetos a su lugar de origen, fue una de las razones, por las cuales, le pedí a Carla, devolver todo lo que habíamos cogido de aquel lugar, que esas cosas estaban malditas, ella me miro, y me dijo, no son las cosas mi amor, tengo que confesarte algo, que por temor nunca te dije, mi apellido es Fernández, mis antepasados, son aquellos que ustedes tanto buscaron, pero me lo cambie a Robles, porque todas las familias descendientes eran marginadas, tan solo por llevar ese apellido, y si tanto quise ir al cerro, era para saber si era verdad lo que se comentaba de mi familia, ahora lo sé, es verdad, lo siento mi amor,  yo solo pude abrazarla y besarla, le prometí que nada de lo que pasara en adelante, cambiaría mi amor por ella, y que juntos venceríamos cualquier obstáculo o maldición.

Han pasado muchos años, tenemos 3 hijos más, una de ellas mujer, y somos felices, aquella maldición nunca más nos tocó, pero, si puedo decir,  que económicamente nos fue muy bien, tenemos mucho dinero, pero aun llevamos dentro el recuerdo de nuestro hijo fallecido, jamás volvimos a aquel cerro, y los objetos los tenemos todos en el mismo cofre donde se enterró el primer anillo.

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