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miércoles, 28 de noviembre de 2012

LOS OJOS DE LA NIÑA.



Cuando la noche caía en la fría ciudad, muchos visitantes llegaban a su destino, a un lugar remoto del Perú, donde todo seria diversión y momentos agradables, pero grande seria la sorpresa de los dos visitantes, cuando el curso de la historia cambiaría en pocos días en su vida, llegados de lejos, desde la lejana España, atraídos por una rica cultura histórica, tanto de la época inca, como de la dominación española en el país, algo que por cierto atraía mucho a estos dos jóvenes,  que sin pensar que lo que ocurriría visitaban nuestra ciudad. Era el medio día del mes de julio, llegaban procedente de la ciudad de Lima, tanto Ernesto como Laura, cargados de emociones y su dejo madrileño, el cual los hacia inconfundibles turistas de la madre patria, admirados desde su llegada a Lima, cada recorrido que hacían, sus ojos se deslumbraban con  los atractivos turísticos, las calles, y demás que pudieron conocer en el día de estadía en Lima, lo mismo les sucedió mientras bajaban del avión.

Ambos tomaron un taxi para poder ser trasladados al hotel que habían separado en el centro de la ciudad, la misma que aun guarda esa esencia española de la época de la conquista, donde aun los antiguos balcones, se mostraban imponentes como un fiel recuerdo de la opulencia de aquellas épocas de dominación española,  llegaron al hotel donde pasarían tres noches , se acomodaron, bañaron, cambiaron y salieron para conocer un poco mas de la ciudad,  recorriendo las calles pedregosas, llenas de personas que iban y venían, sin darse cuenta de aquellos dos extraños quienes entraban a iglesias, museos, hasta caer la noche, donde fueron captados por un joven muchacho, autóctono de la ciudad, quien les ofrecía llevarlos a una casona antigua que era un museo de juguetes modernos, así como de juguetes de viejas épocas, esta visita guiada por el joven,  les pareció atractiva, ya que ambos era admiradores de los juguetes, y fue una de las pasiones que los atrajo cuando recién se conocieron en la universidad, gustosos aceptaron seguir a Pedro, aquel joven muchacho de piel trigueña, ojos negros como la oscuridad, y una mirada penetrante, pero de sonrisa cautivadora, no muy alto y de aproximadamente unos diecisiete años de edad, quien los condujo a “La Casona del Conde de Manucci”, actualmente llamada, “La casa del juguete”, ahí  admiraron por espacio de una hora y media todos los juguetes que habían en exhibición, pero uno en especial les llamo su atención, era una muñeca que no tenia ojos, pero si toda la anatomía completa de una niña, una replica exacta, se acercaron y le preguntaron a Pedro, el joven que los llevo, porque la muñeca no tenia ojos, pero si tenia todo el resto de la anatomía humana, completamente igual a una niña, este les dijo que era una antigua muñeca de una niña que era hija de del Conde de Mannuci, dueño de la casona donde ellos estaban, y que el en realidad no conocía muy bien la historia, mientras Pedro les relataba  esto, Laura, se acercó para tocar a la muñeca, de pronto una mano fría le toco la espalda, le dijo con voz ronca y entrecortada, exhalando un olor a tabaco; “yo no lo haría si fuera usted señorita”,  un escalofrío, a la vez que susto, recorrió el cuerpo de Laura, e impresiono tanto a Pedro como a Ernesto, los tres voltearon asustados, Laura le pregunto quien era, y aquel viejo le dijo que era el cuidador del museo, a lo que Pedro asintió con la cabeza, mi nombre es Laureiro de Manucci, pero aquí me conocen como “Jonás”, les dijo aquel viejo hombre, y les puedo relatar la historia de la muñeca, si desean puedo enseñarles fotos, si gustan acompañarme al salón del subterráneo, los jóvenes le preguntaron a Pedro si era seguro y este les dijo que si, procediendo a bajar los cuatro al subterráneo, donde entraron a una pequeña habitación que antiguamente había sido una cárcel, pero que ahora estaba amoblada con lo básico, aunque aun las paredes conservaban ese frio de mazmorra colonial, el viejo “Jonás” prendió un mechero, y le enseño unas fotografías antiguas, estas son las primeras imágenes que tenemos de la muñeca, cuentan mis antepasados que la muñeca llego aquí con la hija del conde, dueño de esta casona, y ella era ciega desde  un asalto pirata, donde estos, le quemaron con un fierro caliente los ojos a la niña cuando era muy pequeña, como venganza al conde por no querer entregar sus tesoros, siendo rescatados por una flota española de las manos de los piratas, dicen que al llegar, el conde le hizo extraer los ojos a la muñeca, para que su hija no se sintiera mal, y relleno los orificios con un parche interno de tela, al cumplir dieciocho años la hija del conde recupero misteriosamente la  vista, regenerándose los ojos en ella, algo que la población atribuía a un milagro, el mismo que jamás supieron quien lo hizo, pero si sabemos que la muñeca desapareció, y desde ese entonces, todas las descendientes primogénitas de la familia del Valle, nacían ciegas, y recibían en sus manos, a los cinco años de edad la muñeca que aparecía misteriosamente, con la primera nieta del conde, se inicio en la familia como tradición, el hecho de que antes  que la menor cumpliera dieciocho años, regalaban la muñeca a una niña cualquier de la calle, de quien nunca mas se sabia nada, pero al final encontraban la muñeca, según la historia de la ciudad, dicen que el milagro se convirtió en maldición, y quien mirara esa muñeca directo a los ojos perdería los mismos, pero han pasado muchos años,  y desde entonces la familia siempre tubo hijos varones, los mismos que tenían varones y así hasta llegar hasta mi persona, único descendiente vivo de la familia de Manucci aquí en Perú, según el relato de mis antepasados, algún día llegaría familia de la lejana España, y hasta el día de hoy nunca supe de nadie mas que tuviera lazos con nosotros, yo soy el único que queda vivo, el único que mantiene todo esto, estudie muchos años, soy medico de profesión, pero hace 18 años que me dedico por completo a este sitio, única herencia de toda mi familia, anhelo algún día poder viajar a España y conocer el sitio de donde somos.

Mientras el viejo continuaba con el relato, podía sentirse un olor fuerte a tabaco, el frio era cada vez mas intenso, y el aire dentro, se hacia mas escaso, la luz del mechero se desvanecía e intensificaba con cada soplido del poco viento que había dentro, y reflejaba en el rostro de los jóvenes, la curiosidad y temor a la vez, producto del relato, hasta que Laura le susurra al oído a Ernesto…, mi amor, ¿te has percatado que el viejo, tiene mi apellido paterno?, a lo que Ernesto le replica jocosamente…, mi vida, ¿y eso que tiene que ver?, ¿te asusta algo?, de pronto el susurro es interrumpido por la mano fría del viejo Jonás, jóvenes, hay algo que de repente les gustaría conocer, aquí en la casona, tenemos túneles que conectan la ciudad con varias iglesias, son subterráneos que dan vuelta a la ciudad, esta era una de las rutas preferidas por los españoles para poder escapar cuando atacaban los piratas, si gustan los puedo llevar, ambos miraron a Pedro, y él dijo, eso no lo sabia, pero si gustan vamos, yo los acompaño, y los cuatro comenzaron una caminata por las catacumbas de piedra, donde se podía sentir la humedad, el frio intenso, un olor a humedad muy intenso,  pero esto les parecía algo muy interesante a ambos jóvenes, y mientras ellos  caminaban, se podía escuchar las gotas de agua caían y golpeaban en el piso, generando un eco audible, esto a la vez que el viejo Jonás, les iba relatando historias de piratas e invasiones que sucedieron en la ciudad, de pronto Laura, se detuvo, y le pregunto al viejo Jonás, ¿Por qué se estaba apagando la luz?, todos voltearon a mirarla, sorprendidos, porque tanto Jonás como Pedro, llevaban las antorchas prendidas, y Ernesto sujetaba el mechero, a buena cuenta, luz, era lo que sobraba, Laura, extrañada les dijo que prendan las antorchas que no veía, que todo estaba oscuro,  cuando se acercaron a ella con las antorchas, notaron que  Laura no tenia sus ojos, eran dos esferas blancas que remplazaban sus ojos,  el pánico y el miedo invadieron  a los tres hombres, no sabían que hacer, ni que decir, no sabían como explicarle a Laura, lo que había sucedido, mientras ella se agarraba de las piedras que fungían de pared., Jonás, le dijo a Laura, no temas niña, sujétate de nosotros, ya pronto saldremos de aquí, se cogieron todos de la mano, y siguieron al viejo, transcurrieron cerca de 2 horas de caminata, hasta poder llegar a la celda, que hacia las veces de  cuarto de Jonás, sentaron a Laura, y Jonás, envió a Pedro a traer la muñeca que estaba en el museo, el muchacho presuroso y asustado, corrió a cumplir dicho encargo.

Al llegar Pedro al sitio donde estaba la muñeca, se dio cuenta que esta, ya tenía ojos, del mismo color y forma que los de Laura, esto aterrorizo a Pedro, pero aun así, presuroso, tomo la muñeca, sintiéndola cálida, como si tuviera temperatura humana, pero no le tomo importancia a este hecho, solo corrió presuroso hacia el encuentro de sus nuevos amigos, al llegar, entrego la muñeca al viejo Jonás, quedándose los tres sorprendidos, al ver que la muñeca, tenia los ojos de Laura, se quedaron mudos, el miedo, la pena, tristeza, terror, recorrían cada parte del cuerpo de los tres hombres, mientras Laura, les preguntaba que había pasado, porque ella no veía, ninguno de ellos sabia que decirle,  solo atinaron a calmarla, y recostarla en la cama de Jonás. Mientras Laura reposaba, el viejo sugirió salir de su cuarto, se fueron a una celda continua, ahí discutían sobre lo que había sucedido; Jonás, dime si es cierta la historia que nos contaste, necesito saberlo, esto no puede estar sucediendo, por favor  tu debes saber que podemos hacer, cálmate Ernesto, pues que te puedo decir, era solo una historia que se contaba antiguamente, yo nunca supe si fue cierta o no, no sabia que de verdad esa muñeca estaba hechizada, yo contaba la historia, porque era la atracción de este lugar, si preguntas en el pueblo, te dirán que  la historia es contada aquí, en la casona, tengo unos manuscritos, que tal vez nos sean de utilidad, entre estos, están, el diario, de la primera hija del conde, y los diarios de este, vamos, dijo presurosamente Pedro, Ernesto, tu quédate cuidando a Laura, Pedro y yo, iremos a buscar los manuscritos.

Ya en la habitación, donde se guardaban todos los libros antiguos de la familia, Pedro y Jonás, buscaban incansablemente los diarios, mientras Ernesto cuidaba a Laura, hasta que de pronto, Pedro, exclama: ¡Lo encontré, lo encontré!, aquí esta el diario del conde, muy bien Pedro, sigamos buscando, aun nos falta encontrar el diario de la joven,  si señor Jonás, tiene usted razón, busquemos, busquemos, que Laura nos necesita, aunque le confieso que todo esto me da mucho miedo, sigue, muchacho, no demores,  que tenemos que encontrar ese diario, oh mira, aquí esta, vamos, bajemos Pedro, ambos corrieron al encuentro de Ernesto, quien salió de la habitación, los tres leyeron los diarios, pero no decía nada fuera de lo común, salvo una pequeña nota en el diario del conde, donde decía …“respecto al pacto que hice por mi hija, solo puedo decir, que el secreto siempre estará guardado en las entrañas, en lo mas profundo del ser humano, donde nadie podrá encontrar la verdad”, esto desconcertó a todos, se miraron extrañados, que quiso decir con aquel acertijo, ¿en cuales entrañas?, ¿a que ser humano se refería?, ¿estaba todo perdido?, eran las preguntas que todos se hacían, las miradas estaban perdidas, desorientadas, la tristeza invadía el alma de cada uno de ellos, hasta que de pronto se oyó la voz de Laura, es la muñeca, sé que es la muñeca, todo voltearon, ella estaba ahí parada, escuchando todo, en silencio, tratando de entender lo que sucedía, su fuerzas se agotaban, y Pedro,  en un arranque de locura, le dijo a Jonás, tráeme un cuchillo, el viejo pregunto para que lo quería, y Pedro le dijo, solo hazlo, Jonás, le trajo un cuchillo, y abrieron el interior de la muñeca, ahí, había un manuscrito, el cual era un papiro antiguo, con letras rojas, escrito en latín, valla dilema, nadie hablaba latín se dijo Pedro, cuando de pronto,  Jonás, comenzó a traducir, y entre sus palabras, se escucho, para romper el pacto, deben quemar esta muñeca  y cobrar la vida de un humano del  linaje real, todos miraron a Jonás, este se asusto, pero, sigue leyendo, y con voz entre quebrada, dijo, de lo contrario, deberá derramar su sangre sobre la muñeca, hasta el punto de desfallecer,  es ahí cuando Jonás toma el cuchillo,  y se infiere un corte en la mano, derramando su sangre en el interior de la muñeca, hasta el punto de perder el sentido, inmediatamente, Ernesto, tomo una antorcha y quemo la muñeca, mientras esta se quemaba, Laura se desmayo, siendo abrazada por Ernesto, y puesta en la cama de Jonás, mientras que Pedro atendía al viejo , curando su herida, habían pasado muchas horas, ya eran casi las cuatro de la madrugada, todos se quedaron dormidos.

Al día siguiente, despertó Jonás, ya recuperado, vio a todos que dormían, y despertó a uno por uno, creyendo que todo lo sucedido había sido un sueño, pero, vio en el suelo, los restos de la muñeca quemada, y en su cama a Laura, dormida, tanto Pedro como Ernesto despertaron también, presurosos, despertaron a Laura, quien al abrir sus ojos, pudo ver a todos ahí presentes, gritando de alegría y abrazando a Ernesto,  el viejo y el joven sonrieron, salieron de la habitación, dirigiéndose todos hacia el museo, todo acordaron, que jamás contarían lo que había sucedido, se despidieron, Laura, abrazo a Jonás, lo miro, y le dijo, sé que eres familiar mio, no se como, ni porque, pero sé que lo somos, algún día volveré, y espero que puedas contarme mas sobre mis antepasados, por ahora solo quiero regresar a mi tierra, a mi país, olvidar esta mala experiencia, y se despidieron.

Luego de diez años, Laura y Ernesto regresaron, pero se dieron con la sorpresa que el museo había cerrado, que la casona estaba abandonada, preguntaron en la ciudad, y la gente les dijo que el único heredero, había muerto, en una situación extraña, ya hace nueve años atrás, y desde ahí, nunca nadie, reclamo esa casona, tanto Laura como Ernesto, buscaron a Pedro, sin tener éxito, jamás lo pudieron hallar,  pero en la puerta de la casona, decía, tallado en la madera, “Quien ose entrar a esta casa, sabe que jamás saldrá de ella para ver la luz, son los ojos quienes juzgan el alma de cada persona y es el interior de cada ser humano, el que condena su destino”. Este escrito, asusto mucho a la pareja, quienes decidieron seguir su camino, y visitar las demás ciudades del Perú.

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