La noche transcurría con
normalidad y las estrellas eran testigo de los visitantes de aquella playa,
aquel mar afrodisíaco del norte, donde los corazones se unen y las familias
disfrutan del día. La tarde, el ocaso y el amanecer eran mudos testigos de lo
que ahí sucedía, las palmeras eran fiel confidentes de historias de amor
escritas bajo sus sombras, aquella pareja que jamás imagino vivir un momento
tan diferente a los demás. Era el día 14 de febrero del año 1999, dos jóvenes
enamorados llegaban al paraíso terrenal que tiene el Perú en el norte de su
terruño, juntos de la mano, ambos recorrían la orilla del mar, pisando esa
arena fina y dorada que caracterizaba aquella playa calurosa, con el sol
abrazador sobre sus espaldas, miradas delatadoras de amor, ambos habían llegado
a pasar el mejor momento de su vida, con la idea de poder retomar la magia del
amor que habían perdido, pero que querían encontrar juntos, lejos del ruido de
la ciudad, del humo de los carros, de las playas tradicionales, donde todo era
modernidad; aquí sin embargo, todo era a
la antigua, casas sobre maderos por encima de la arena, dejando pasar por
debajo las olas del mar, donde la brisa era un susurro incansable, ahí, donde
les habían dicho que podían reencontrarse con ese sentimiento tan hermoso que
era el amor, tomados de la mano caminaban juntos, sin pensar en nada más que su
amor, así transcurría el día, jugueteando en el mar, en la arena, regalándose
besos y caricias, que terminaban en abrazos de amor por la noche, testigos de
una luna muy preciosa.
Ella, hija de una familia muy
acomodada de la ciudad de Trujillo, el, hijo de un humilde comerciante y una destacada
profesora de la ciudad de Arequipa, que por casualidades de la vida, se
conocieron en la capital, ambos tenían dos años de relación amorosa, pero
habían atravesado por muchos problemas, separaciones, enamoramientos y demás
cosas que las parejas jóvenes suelen pasar, pero que sin embargo, querían
volver a encender esa llama del amor que tanto habían luchado por mantener
viva, juntos, lejos de los falsos amigos y del estresante trabajo, la rutina
diaria y tantas cosas que influyeron para ir apagando poco a poco ese amor que tanto se profesaban, fue el
motivo por el que viajaron, aconsejados por un pariente que vivía en la ciudad
de Piura, quien les dijo que aquella playa, tenía un don especial, una magia infinita, que haría que ambo se
volvieran a enamorar , Armand, no era muy creyente de esas cosas, pero quería
hacer todo lo que este a su alcance para
poder salvar su relación con Milenec, estaba ilusionado con volverla a amar
como si fuera la primera vez, y que ella sintiera lo mismo por él; por su parte, Milenec, veía a Armand, como el
amor de su vida y estaba muy feliz de pasar esos días a su lado en aquel lugar
donde ambos guardaban la esperanza de unirse para siempre.
Armand llevaba a Milenec de la mano, le decía lo
mucho que la quería y no estaba dispuesto a perderla, quería hacer lo que fuera
para poder volver a sentir lo que sintió la primera vez que la conoció, ¿te
acuerdas cuando te conocí?, cuando te acercaste en aquella fiesta y me dijiste
si me podía tomar una foto conmigo?, si mi amor, lo recuerdo, creo que fue sin
pensarlo, te vi sentado ahí, solo, pero fue una manera interesante de
acercarme, ¿no crees?, pues si mi amor, lo fue, quede hipnotizado por tus ojos,
tu sonrisa, tu mirada, cada parte de ti me tenía embobado, al punto de ni
siquiera poder acercarme a ti, lástima que no te volví a ver hasta casi un año
después, ¿Cómo es la vida no mi amor?, pues si mi vida, y míranos ahora, juntos
de la mano, caminando por la playa intentando que nuestro amor vuelva a ser el
de antes y mucho más fuerte, de pronto ambos se detuvieron a la orilla del mar,
encontraron una caracol enorme perlado, ambos quedaron impresionados, Armand lo
levanto y lo limpio con agua de mar, le dijo, escucha y soplo en él, dejándose oír
un sonido muy hermoso, como el resonar de las olas a la distancia, inténtalo tu
Milenec, ella lo cogió e hizo lo mismo y produjo el mismo sonido, un poblador
que pasaba por ahí, los vio y les dijo, jóvenes, después de haber soplado
ambos, en la abertura cada uno diga su nombre y soplen juntos, es una tradición
para las parejas que nunca se quieren separar, escriban con una navaja sus nombres y arrójenlo juntos al mar, lo más
lejos que puedan, y si antes de irse lo vuelven a encontrar, ustedes vivirán
juntos para siempre y felices, ellos sonrieron, Milenec lo arrojo al mar, un
poco incrédula, pero con la curiosidad a flor de piel, así prosiguieron su
camino tomados de la mano, ella le preguntaba si se acordaba de las cosas
bonitas que ella le decía y las que él le decía, claro mi amor, me acuerdo de
todos aquellos detalles, de todas esa
cosas que hice por conquistar tu amor, el haber aceptado luchar por tu amor,
aun sabiendo que tenía mucho por perder, especialmente a ti, sabía que querías
irte del país, todas las locuras de amor, aun las recuerdo como si fuera ayer, así
es mi amor, respondió ella, mientras abrazaba a Armand y lo besaba, mientras el
sol se escondía.
Ya el sol se había escondido,
cuando Milenec, decide salir a caminar sola y le deja una nota a Armand, mi
amor, estoy saliendo a caminar por la orilla del mar, tome tus cigarros y tu
encendedor, si deseas me das el alcance, ya regreso, te quiero. Armand despertó
media hora después, asustando porque su amor no estaba a su lado, se vistió y salió
a buscarla, sin darse cuenta de la nota que yacía al pie de la cama, apurado comenzó
un recorrido por toda la playa, llevaba dos horas caminando sin resultado
alguno, estaba preocupado, desesperado, no sabía qué hacer, el miedo invadía su
corazón y nublaba su razón, en el trascurrir de su caminar, se cansó y sentó
debajo de una palmera, al sentarse sintió un hincón, se paró, miro y se dio
cuenta que era el diente de un tiburón , cosa rara, porque en ese playa no habían
tiburones, se imaginó que sería de algún artesano, era de regular tamaño, casi del largo de un dedo índice promedio, lo tomo, porque pensó que sería para la
suerte, y al limpiarlo, se dio cuenta que tenía tallado muchos nombres de
hombres y mujeres, en ese momento no entendió de que se trataba, solo estaba
concentrado en buscar a su amor, descanso quince minutos sentado bajo la
palmera, con el diente de tiburón bajo la mano, y de pronto se levantó como un
resorte, corrió en dirección a la playa, camino por espacio de veinte minutos,
hasta llegar a una casa abandonada donde se escuchaba música, la puerta estaba
abierta, al subir por las escaleras, tropezó con un caballo de mar disecado, tenía
un tamaño fuera de lo normal, podríamos
asegura que tenía unos treinta centímetros, lo tomo, porque le pareció algo
inusual y lo guardo en su bolsillo.
Milenec, había caminado por
varias horas, sin rumbo y sin sentido, pensando en todo lo que sentía por
Armand, en todo lo que habían vivido esos días, lo importante que era el para
ella, y las ganas que tenia de revivir la vieja llama del amor que los junto,
camino al borde del mar y de pronto se percató de algo que brillaba intensamente,
se inclinó para poder tomarlo y se dio cuenta que era una perla, hermosa y de
tamaño excepcional, la tomo en su mano, y siguió caminando, hasta llegar a una
casa abandonada, que databa desde el año mil novecientos treinta,
aproximadamente, era una de las primeras casas que se construyeron en la playa,
tenían un aire colonial, construida de maderas traídas de la selva Peruana y
Brasileña, por dentro estaba casi intacta, como si el tiempo no hubiera pasado
por ella, se podía ver algunos muebles viejos en la entrada, casi al límite del
apolillamiento, varios cuadros de pinturas al óleo antiguas, espejos
coloniales, y lámparas que funcionaban a kerosene, este fue el panorama que pudo ver Milenec al
ingresar, que bonita casa, que lindos cuadros, pensaba mientras fumaba un cigarrillo
y caminaba admirando cada parte de la casa, siguió de frente hasta el fondo de
la casa, que tenía una pasadizo que conectaba la sala con un patio trasero,
este pasadizo eran 3 cuartos, una cocina y un baño tres cuartos al lado
izquierdo y al lado derecho un baño y después
la cocina, cruzando todo eso se llegaba al patio trasero, abierto al aire libre
y con un columpio que se movía solo, debido al aire que allí corría, Milenec se
sentó en el columpio, se mecía mientras fumaba un cigarro tras otro, ida como
en otro mundo, imaginando que estaba en una mansión lujosa, en el patio más
hermoso, lleno de rosas, flores, plantas, árboles y aquel columpio en el centro,
donde se mecía vestida de doncella, esperando a su caballero, quien la tomaría de
la mano y la llevaría con él, escapando juntos en su blanco caballo, todo esto
lo imaginaba mientras se columpiaba y fumaba su cigarro y escuchaba música en
su celular en altavoz.
Armand, después de tomar el
caballo de mar que encontró en la puerta de aquella casa, entro y pudo ver y
oler, el humo y aroma del cigarro, escuchaba las baladas que se le hacían conocidas,
le llamo la atención los muebles, y los cuadros que ahí habían, camino por el
pasadizo, entrando cuarto por cuarto, los mismos que estaban a su lado derecho,
y en los tres, encontró el armazón de una cama de cobre con perillas redondas
algo oxidadas por la brisa del mar, entro en el baño, la cocina y no encontró nada,
camino hacia el patio, y vio a su amada sentada en el columpio, Armand se acercó,
mi amor, ¿qué haces aquí?, te estuve buscando por casi tres horas,¿ porque te
fuiste?, que haces aquí, ella tenía la mirada perdida en el infinito, él la tomo, y la abrazo dándole un beso en la
boca, lo que la hizo regresar a la realidad, Armand, amor, que haces aquí, me
quede dormida en el columpio, tenía un sueño...si lo sé, vamos, estuve ,muy
preocupado, mientras caminaban de la mano por el pasadizo, entraron a un
cuarto, donde había una especie de cofre, la curiosidad hizo que lo tomaran y
salieran de ahí. Después de haber caminado de regreso a su búngalo, entraron
cansados y con mucha sed, destaparon una cerveza cada uno y conversaron sobre
lo que había pasado, Milenec le mostró la perla extraña que había encontrado y
Armando le mostró el diente de tiburón y el caballo de mar, los pusieron en la cómoda
al lado del cofre, y cansados decidieron dormir y seguir la conversación al
despertar, que sería el último día de su estancia en la playa.
Despertaron temprano, abrazados
el uno del otro, Armand la miraba como si fuera la primera vez que la miro,
especialmente sus ojos, sus labios, su cabello, mientras ella despertaba y le decía,
te quiero, se alistaron y salieron a dar su último paseo y baño por la playa. Recorrían
la orilla, jugueteando, besándose, abrazándose, diciéndose lo mucho que se
amaban, él la cargaba, ella sonreía y se sentía feliz, como no había sucedió en
mucho tiempo desde que se conocieron, cuando de pronto Armand tropezó con el
caracol perlado, aquel que habían arrojado al mar, el primer día que habían llegado,
lo reconocieron por los nombres que habían grabado en él, lo tomaron y
decidieron llevárselo consigo, pasaron las últimas horas en la playa, amándose como
si fuera la primera vez, ya una vez en el búngalo, pusieron el caracol en la
meza donde estaban las demás cosas que habían encontrado, y por curiosidad
decidieron abrir el cofre que habían encontrado en la casa antigua, lo abrieron
y oh sorpresa, habían un fondo de seda, que tenía formas, de caracol, diente de
tiburón, perla y un caballo de mar, los mismos que ellos tenían, se
sorprendieron, pusieron las cosas en los moldes y encajaron perfectamente, en
la tapa superior interna decía, “quien encuentre las cosas que faltan en este
cofre, podrán ser felices para toda la vida”.
Cuenta la leyenda que hace muchos
años, el primer habitante de aquella playa,
se enamoró de una mujer muy hermosa, la conquisto y se casaron, pero el
amor fue decayendo poco a poco, hasta el punto que la mujer se fue de la playa,
donde vivían juntos en una humilde cabaña, él, con el tiempo enloquecido,
extrañaba a su amada, y en uno de sus tantos desvaríos conoció a un nativo,
quien le dijo que él podría lograr que su amada regresara, pero para eso
necesitaba construir una casa del mejor árbol y que durara para siempre, tenía también
que ira altamar y conseguir un diente de tiburón, un caracol perlado grande, y
una perla, la de mayor tamaño, al igual que un caballo de mar de igual grandeza
en tamaño, si él lograba encontrar las
cosas que le dijo, encontraría un barco hundido, donde hallaría un cofre, el
cual debía adaptar para poner las cosas que se le encargaron conseguir, una vez
hecho todo esto, debería regresa y terminar de construir su casa, con árboles
de la selva peruana y brasileña, y ahí, guardar el cofre, con todo lo conseguido, eso haría que su
amada vuelva y sigan juntos, amándose hasta el último día de sus vidas, todo
esto sucedió y cuando su amada murió, el arrojo todo al mar, quedándose solo
con el cofre, hasta el último día de su vida, dicen que este, fue un hechizo de
la playa, y que solo las parejas que de verdad se amaban llegarían a ellas,
todos conocen la historia, como EL SECRETO DE LA PLAYA.