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martes, 21 de enero de 2020

LA HISTORIA DE MI VIDA, PRIMERA PARTE.


Ven, te invito a pasar, siéntate, te contare una historia, es la historia de mi vida, escúchame, porque quizá no la entiendas, mírame a los ojos, la filme con ellos, toma mi mano, escribí con ellas el guion, son años de relatos, de experiencias, de días y noches, de horas y minutos, de lágrimas y risas, de triunfos y derrotas, mi historia es así, como yo, hay tristeza, hay alegría, hay caídas de las cuales me levante, hay personas, de quienes quizá me olvide, estás tú,  estoy yo, soy el actor secundario, donde vivo y donde crecí, donde nací y donde viví, ladraron los perros en mi paz interior, hubieron días grises donde caer fue mi lección y levantarme, en muchas ocasiones fue mi mejor virtud.

Sírvete un café, deja el celular en la meza, mírame a los ojos que hoy no voy a llorar, voy a contarte la historia de mi vida, sonríe si algún capítulo de ella te causa gracia, así se a costa de mí, llora si es necesario, como yo lo hice, vive cada relato, como yo lo viví, quizá algún día entiendas lo difícil que ha sido ser yo, quizá entiendas lo difícil que fue escribir cada capítulo de mi historia, entender a cada protagonista que apareció con el paso de los años. Mira mi rostro y veras que cada ojera, fue por culpa de muchas noches sin dormir, donde analizaba cada capítulo de mi vida y moría por modificar el guion, pero no se podía, ya lo escrito ayer, no podía modificarse hoy, mientras no podía dormir, sin embargo, mañana, escribía otro nuevo capítulo.

Alcánzame aquel cigarro junto a ti, quizá no te guste el humo, quizá no te agrade que fume, pues me acompaño en cada letra que se escribió en mi historia, estas aquí sentada, prepara un café, que la velada tiene para rato, tómalo tú, yo no soy de cafés, saboréalo, mientras sigo relatando mi historia.

Fui un niño normal sin mucho y con todo a la vez, los golpes de la vida, las caídas, los juegos, la lectura, las odiosas matemáticas y el amor primerizo, marcaron mi infancia, me olvidaba, el odioso inglés, las tardes de peloteo con los amigos de la cuadra, las escondidas, las chapaditas, las misas obligatorias, las salidas con los amigos, mi primera cerveza, mi primer cigarro, mi primer beso, mis amigos, mis amigas, enamorada, mis padres, sus trabajos, mi primer balón, mi primera bicicleta, mis primeras zapatillas de marca, los viajes en familia, los valores, los castigos, el puerto donde crecí, la heroica ciudad donde nací, los castigos de mi madre, las palabras de mi padre, los sacrificios de ambos por darme lo mejor, agradecido estoy eternamente, si volviera a nacer, los elegiría nuevamente como padres, quizá no fui el mejor de los hijos, complicada niñez y complicada adolescencia, adolescencia, palabra nostálgica en mi vida, mi primera vez, ¡aún crees que fue fácil ser yo?, recién comienza esta historia, donde el dinero cambiaba de valor o mejor dicho se devaluaba cuando bajaba a comprar a la tienda del chinito dueño de la casa que alquilaban mis padres, gracias AG, me enseñaste economía a temprana edad, apagones, estudiar con velas, el televisor en blanco y negro, donde veía a Optimus Prime, los picapiedras, trampolín a la fama, aburrido por cierto, risas y salsas, algo gracioso con felpudini y la guardia serafina, como olvidar, la famosa SERIE ROSA, ¡guardad celosamente el secreto de la serie rosa!, seguidamente las chicas de la oficina, desde las 12 de la noche, a escondidas de mis padres y con el volumen al mínimo, o la serie del gordo porcel, por que ver una mujer desnuda, en esas épocas, era una utopía, como llegue a pasar de los supersónicos a la serie rosa ¿no?, bueno, así es la historia de mi vida, hagamos una pausa, toma otro sorbo de café mientras ríes, déjame darle una pitada, como decíamos antes cuando fumaba de joven, seguimos que falta mucho por recordar, vienen a mí los recuerdos en desorden, mi triciclo, aquel que mi padre soldó mas de cinco veces si es que no me equivoco, yo  era un poco intrépido y arriesgado, siempre partía el triciclo, después de partirme yo, bueno, estaba en aquellas noches de mi niñez, a veces sin luz y a la luz de las velas o la lámpara a kerosene y no eran noches románticas, así me toco estudiar las odiosas matemáticas, las estupendas lecturas de historia o las aburridas clases de geografía, ¡Dios¡, ¿dónde estaba el WAZE?, bueno, el internet, buen punto, computadoras en blanco, negro y naranja, Pacman, buen juego, el sistema MS-DOS, los disquetes pequeños y grandes, como amaba la computación, otra de mis pasiones actuales, si te preguntas, porque odio las matemáticas, pues te diré, que  nunca entendí para que me servirían los conjuntos, el coseno y la hipotenusa, creo que la tabla de multiplicar, la suma, resta y división, me sirvieron para cobrar y pagar, cuentas y más cuentas, volvamos a la época de la oscuridad como la llamo yo, aquella época donde no existía terma eléctrica, claro, a las justas teníamos electricidad gracias a los terroristas, pero esa es otra historia, me tocaba bañarme con agua que se calentaba en la tetera y se llenaba en el balde para proceder a utilizar el famoso, jarrito y cuando me portaba mal, baño con agua helada, empozada en los cilindros de metal que tenían en casa, bueno con casi 30 grados centígrados de calor de la ciudad de Paita, pensaras que era refrescante, déjame decirte que no, esos benditos cilindros tenían agua helada, en algún momento imagine que ahí podían vivir hasta cinco pingüinos, era un niño, que esperabas, bueno hasta ahora me baño con agua caliente, en fin, te contaba del baño, pues luego estaba las lecciones con mama, hijo, anda estudia y vienes para tomarte la lección, pues, estudiaba y al entrar a su cuarto y dar la lección, aprendí, ¿la lección?, también, pero más aprendí a esquivar el matamoscas, las sandalias o lo que ella tenía a la mano, ahora me causa risa y sé que era necesario, recuerdo mi madre sentada en su cama, creo que a veces se reía internamente de las tonteras que le decía cuando daba la lección, creo que si pudiera reírse mientras me pegaba, lo hubiera hecho, creo que yo también me hubiera reído en vez de llorar, ahora entiendo cada tontera que hablaba, pues nunca me gusto estudiar, odiaba estudiar, aclarándote que en mi época, estudiar era memorizar, vuelven a mí, mis queridas matemáticas, como sufrí, ahora recuerdo los reglazos o las jaladas de patillas de mi profesora de primaria de aquel colegio naval, pobre mujer, como la hice sufrir, bueno la hicimos, junto con mis compañeros, que recuerdos tan bellos, no por hacerla sufrir ni porque nos pegaba, sino porque la señora se ponía a llorar y nos hacía sentir mal, que tal manipulación, bueno, quizás entiendas ahora, porque las matemáticas y yo, no somos los mejores amigos, pero la historia, ¡valla!, como me gustaba, historia del Perú, historia mundial, bueno eso de aprender los incas y los presidentes, no era mi fuerte, vuelvo al punto de memorizar, pero para mí era un cuento, cada relato, cada lectura, de todo lo que paso en nuestro Perú, en el mundo, las pirámides, las culturas, después entendí porque me gustó tanto los caballeros del zodiaco, vuelvo al colegio, recuerdo cuando metíamos a los más chicos al cilindro de agua de cabeza, solo por el simple hecho de ser más grandes, ¿bullying?, eso no existía, a pero el profesor de instrucción premilitar, si nos agarraba a palazos por no levantar la pierna al marchar, y eso no era bullying, siempre fui rebelde, contreras, me gustaba cuestionar todo, más la autoridad, tenía un serio problema con el tema de la autoridad, pero siempre creía tener la razón, por lo que siempre reclamaba, pese a los castigos, ahora entiendo porque termine de abogado también, cosas de la vida, recuerdo también la directora del colegio, pero lo dejare ahí, porque era la mama de un compañero de salón de mi primaria y después de secundaria, recuerdo el inglés, mejor no lo recuerdo, no me gusta, el himno a la marina de guerra del Perú, el himno nacional, el himno a Paita, no recuerdo que más nos hacían cantar, a verdad, la malagueña salerosa, esa canción de Pablito Ruiz, que me hicieron cantar de niño, que bonitos ojos tienes, debajo de esas dos cejas, Pablito Ruiz de ojos verdes y blanco, mientras yo, bueno el lado oscuro de él, igual trate de no hacer mucho el ridículo, creo que me fue bien, no recuerdo mucho.

Mira mis ojos, si me brillan, es por los recuerdos, que lindo era ser niño, bueno sin contar los castigos y las caricias físicas (pequeños golpes formadores), me acuerdo ahora, de aquel carrito que tenía a pedal, era tipo el Max 5, pero azul y con pedales, daba la hora en el puerto, no recuerdo donde lo compraron mis padres, pero valla que me sentía genial, ahora entiendo también, porque me gusta tanto manejar, como paseaba por aquella plazuela frente al mar, mientras los demás niños me miraban, creo que alguna vez se le salió una rueda, obviamente, no tenía gata, ni llave de ruedas como ahora, era más fácil arreglar eso, que las llantas de mi auto actualmente, pero quien lo hacía era mi padre o a veces mi madre, si es que no me lo guardaban de castigo por no haber hecho alguna tarea o haberme portado mal, todo eso, mientras en mi cuarto escuchaba EL GENERAL,  VICO C, Lissa M, en mi casetera, quizá mientras rebobinaba la cinta con mi lapicero, exacto, no había usb, ni cd, era el famoso CASSETTE, creo que se escribía así, tenía mi colección de música, recuerdo, Magneto, Locomia, Los fantasmas del Caribe, quizá otros grupos más que no recuerdo, por algún lado de mi casa, aún conservo algunos cassette, ahora entiendo también porque amo la música, bueno, entre recuerdos y anécdotas, entiendo muchas cosas que marcaron mi vida y que hoy son mis peculiaridades, mi curso de literatura, como olvidarlo, se llamaba Lenguaje, soy un poco malo para las tildes, signos de puntuación, pero valla que me gustaba leer, La Cabaña del Tío Tom, el primer libro que me impacto, Las Aventuras del Capitán Grant, obra del autor que admiro, Julio Verne, y que hasta hoy en día, atesoro, teniendo gran parte de sus obras entre mi pequeña colección, ahora entiendo porque me gusta escribir, la vida nos va marcando.

Me miras y seguro te ríes, quizá no creas lo que te cuento, ¿cómo está el café?, ¿te gusta?, ¿imaginabas que esa era mi niñez?, falta mucho aún, relájate la noche es joven, hay mucho para contar, ¿vez el hilo de humo de mi cigarro?, así transcurría mi vida, lento y al viento, mientras me consumían los años, pues, te diré que recuerdo mi primer amor, si, primaria, no soy precoz, me gustaba la reina de mi colegio, la chica inalcanzable, aquella con la que soñaba despierto, pero nunca me acerque, porque la creía inalcanzable, impensable, fría como el viento, indomable como el mar, perdón, me deje llevar, Luis Miguel, aquellas épocas, bueno, esa niña fue mi primer amor platónico, ahora debe tener unos 36 o 37 años supongo, ya ase caso, hizo su familia y obviamente no fue conmigo, pero después de creo 30 años, volvimos a conversar, como es la vida de irónica, solo la vi 4 años en primaria, y ya por el año dos mil algo, volvimos a hablar, gracias Facebook, aunque un poco tarde, porque no exististe hace 33 años atrás, me hubieras evitado cartas, peluches, rosas, chocolates, etc, la modernidad, me acuerdo que me hicieron vestir de virrey mientras ella salía de reyna, creo que llegue a ser su paje, que honor para mí, pero la verdad creo que ni me miraba, el amor, el amor, ya dejando eso de lado, hay más recuerdos de mi vida, quizá aquella timidez marco mi vida ahora de grande, a veces solía ver inalcanzable a las chicas en la universidad o en mi vida social, aunque no parezca, soy tímido, no te atores con el café, ríete, que sé que lo harás, si, dije tímido, porque a las chicas bonitas si no me las presentaban y no me hablaban, se me hacía difícil acercarme, sonríe, que sé que no me crees, me miras y tratas de no reír, hazlo, una sonrisa no causa nada malo, es la historia de mi vida, así era en el colegio, tímido, hasta que me daban cuerda, ella nunca me dio ni si quiera hilo, en fin, te contaré que, hice el ridículo muchas veces en el colegio, bailando sopa de caracol y otras cosas que nos hacían hacer los padres por el colegio, las cuales prefiero no contar, sopa de caracol eh, watameni con su, yupi pa ti, yupi pa mí, si así cantaba, ¿mencione que odio el inglés?, como sea, era baile no canto, me olvidaba, marchar, que martirio para fiestas patrias y aniversario de la marina, creo que para el aniversario del puerto donde viví, también, que dolo el marchar, si la memoria no me falla fueron tres veces máximo que marche en ese colegio, estudie desde el primer grado hasta el cuarto grado de primaria, luego pase al colegio donde trabajaba mi madre, otro particular, si definitivamente no era buena idea, estudiar en el colegio donde trabajaba mi madre, pero que podía hacer, si no tenía ni voz ni voto, era una dictadura, ahí estudie frente al mar, quinto y sexto de primaria, hasta mi secundaria, al lado de mi amada madre, fue difícil, pero no me puedo quejar, gracias a eso, casi no me expulsaban, beneficios extra.

Hagamos una pausa, hay mucho que contar en aquel colegio, muchas más anécdotas, imagínate, estaba en quinto de primaria, conocí gente nueva, y estudiar frente al mar, porque ahí estaba mi colegio, siempre la S, siempre la A, SASA SAN AGUSTÍN, rezaba la barra ingeniosa del deporte de mi colegio, ¿quién la invento?, ni idea, pero supongo un ilustre pensador, filosófico de la época. Te comente que mi colegio estaba frente al mar, quizás pensaras que suena paradisíaco, pues sí, mi aula estaba justo frente al mar y yo me sentaba a la ventana, esperando que Acuaman saliera y me dijera, vamos Flash, únete a la Liga de la Justicia, ahora entiendo también porque soy fanático de DC COMICS y de La liga de la justicia, pero la verdad, más me distraía que lo que me concentraba en clases, mirando las olas del mar, las olas del mar, la lluvia en la tarde de tu vida… y el mar me dice, que no vuelves todavía, y el mar me dice, que te quiera y no redima, me volví a emocionar, la música fue parte fundamental de mi vida y lo sigue siendo, pese a que viví en un puerto y crecí frente al mar, no soy fanático del mar y del sol, yo era gringo, y los 35 grados de aquel puerto, me hicieron trigueño, casi moreno, menos mal no llegue a negrito, prefiero el frío, para volverme blanco como era, cosas del Orinoco, que yo no entiendo y tú tampoco. Descansaré un momento para poder continuar y contarte que paso en aquel colegio, salgamos y caminemos, respiremos un poco de aire.
Continuara…